miércoles, 15 de mayo de 2013

La torre, la cuesta y el venero

En Sueño Profético se vio una torre muy alta, tan alta, que el final, con exactitud, no podías decir en lo que terminaba.

Se quitó la Visión de la torre y se vio una cuesta muy empinada.

Desapareció esta Visión y se vio una fuente seca, de bastante tiempo no correr el agua. A unos dos metros, un venero seco, que piedras y suciedad medio lo llenaban.

Ya dijo una voz:

Las cosas de Dios tienen tanta fuerza y tantos caminos, que tan sólo el Amor a Dios te hará comprenderlas.

Si piensas en Dios, Único en Poder, ¡qué difícil es que subas a la torre y bajes la cuesta, y que de esta fuente corra el agua clara y contenta otra vez!

Se vio la fuente, que el ruido del agua te hacía olvidarte de todo y pensar en el agua.

Las cosas de Dios no son difíciles, imposibles ni trabajosas.

¿Qué hombre haría que brotara este venero a un metro escaso de hondura, por estar lleno de todo lo que el hombre aquí ha tirado porque puso confianza en que nunca habría agua, sin pensar que el venero brotaría cuando Dios le diera Mando, como a todo en esa vida? Que tú lo verás torcido cuando no creas que ya va Mando de Dios, cuando creas que es del hombre.

Desperté, oí:

Salía agua del venero,
que la fuerza altura hacía.

La cuesta te daba miedo,
y bajarla imposible te sería
si no estaba Dios contigo.

La torre era continuación
de Tierra a Cielo.

La fuente simbolizaba lo muerto,
y resurrección te pone.

Dios hace noche en día
y día en noche.

Si tú juzgas lo que ves,
tú no crees que de Dios viene.

Porque Dios tuerce el camino
que derecho pone el hombre.


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Libro 18 - Dios No Quiere, Permite - Tomo III - Pág. 123-124-125