domingo, 26 de mayo de 2013

Examen de conciencia

En Sueño Profético decían:

Un buen examen de conciencia con un propósito de dura roca, puede librarte de condena eterna.

Hay quien no piensa en el mal que hace, y hay quien piensa en el mal que hizo. Éste último utiliza la conciencia y ya alcanza el Perdón de Dios.

Dijo uno que conoció a Agustín y que por Agustín hoy está en Presencia de Dios:

Yo vivía sin querer oír la palabra conciencia. Cuando oía esta palabra, me daba como rebeldía, me daba como un latigazo por dentro.

Yendo un día a mis estudios –ya que mi carrera poco tiempo me quedaba para coger el título–, me presentaron a Agustín, del cual había oído mucho hablar, de su pasado y de su presente. Ya que se terminó el saludo, el hablar de sus conocimientos y de los míos, de estudios más provechosos o en partes más lucidos, ya dijo Agustín:

   ―Yo voy por el mismo sitio. Podemos continuar hablando. Pero es más provechoso que recuerdes lo pasado.

Él tuvo que verme a mí algo, para dar el cambio, y fue el deseo de yo oír cómo él fue perdonado. Ya me dio este testamento: querer conversar sin palabras, con la conciencia, pero en silencio; querer ser él un personaje para juzgar todo el mal que estabas haciendo, y así había Perdón seguro. Pero primero hazle entierro, y cúlpate de tus culpas, y hazle desprecio a tu cuerpo, y mira lo que te arrastre a vivir en contra del Cielo, como enfermedad que mueres por no haber medicamento, como contagio de lepra que coges sin dar provecho, porque si coges contagio y llevas almas al Cielo, no le digas contagio, di servicio a Dios hecho. Todo esto me fue hablando y yo tomé su consejo.

Desperté, oí:

Hizo examen de conciencia el pecador,
después de estar hablando
buen rato de su carrera.

Pero no estaba en las letras ni en las ciencias,
que estaba en el sentir
de contacto de conciencia.

Agustín le transmitía
algo que pasó por él,
de tiempos que no lo olvida.

Algo que sentía querer,
y algo que lucha le hacía.

Algo que sale a la cara,
algo que del bien te quita.

Pero si llamas a Dios,
verás a algún Agustín,
aunque otro nombre digan.

AGUSTÍN DE MÓNICA


***

Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 38-39-40