jueves, 27 de diciembre de 2012

Sembrador que tiene buena semilla


En Sueño Profético decían:

La Palabra de Dios es igual al sembrador que tiene buena semilla, buena tierra y que no tiene cosecha. No tiene cosecha porque no sembró. Aquí está el ejemplo –y me hizo ver el campo, un pedazo grande estaba de medio metro de altura, y al lado la tierra sin el tallo asomar–. Había un hombre con un celemín lleno de trigo, y otro dijo:

Igual que este trigo fue el que a mí me dieron, y el mismo día. Éste lo guardó, y yo lo sembré. Cuando el dueño nos lo dio, dijo antes de alargar la mano dando el trigo:

 “Doy trigo y tierra para que yo vea el fruto y vosotros tengáis el beneficio en la recolección. Esto, como veréis, es satisfacción para mí y provecho para vosotros. Si no hacéis siembra, no doy trigo”.

Esto, que lo compare el cristiano, y verá puro Evangelio y auténtica parábola.

Desperté, oí:

Si el sembrador no daba el trigo mientras no lo sembraran, ¿cómo quiere el hombre que Dios hable para que callen su Palabra?

Si el sembrador quería el beneficio para ellos, ¿qué querrá Dios para nosotros?  

Dios, cuando habla en un Lugar, quiere que este Lugar no calle, y sí hable y publique.

Aquí se compara con el sembrador, en que si siembras, recoges.

El sembrador guardó la semilla, pero el que Dios habla en él no puede guardar su Palabra.

El que dio la semilla no sabía que no sembraba, pero Dios sabe que no calla.

Dios hace siembra y a ti te da la cosecha.

Reverencia la siembra de Dios y no escondas la semilla que el Lugar te repartió.

Si no dejas de sembrar, no falta recolección.


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Libro 11 - Te Habla El Profeta - Tomo II - Pag. 74-75-76