miércoles, 7 de diciembre de 2011

Aprendías aunque fueras torpe - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 64-65-66


En Sueño Profético dijo uno de los Discípulos del Maestro:

Enseñaba con Palabras tan fáciles, que aprendías aunque fueras torpe. Él decía muchas veces:

“Si el que enseña, ama, y el que oye quiere amar, no puede la torpeza. Lo torpe es para la carne, pero el espíritu aprende igual. El espíritu de una carne que actúa con la máxima enseñanza del hombre, no aprende más que el rudo que igual ama. Si esto no fuera así, mi Enseñanza sería distinta, y veréis que mis Palabras son iguales para todos los hombres. Por eso quiero que aprendáis y que seáis confundidos con el que muchos llaman Maestro, que muchos no saben soy Dios”.

Aquel día estábamos todos delante, y uno dijo:

–Maestro, ayer me hicieron esa pregunta y no pude callar; les dije que Te conocieran, y que nunca más pondrían comparaciones ni podrían confundirse.

Pasaron tres días y buscaron al Maestro, por fin Lo conocen. Ya dice este que hablaba:

–Sigue tú, Pedro, que estabas delante cuando llegaron estos dos hombres con sus mujeres.

–Estaba yo hablando con el Maestro y unos segadores que nos pasaron al paso, y fue tal su exclamación cuando Lo vieron, que éstas fueron sus palabras:

–Anoche llamaste a mi marido cuando pasaste por la plaza con tres más –que estaba yo con él–, y nos dijiste el sitio para que Te conociéramos. Éstos Te están conociendo, pero yo Te conocí anoche, y mi marido.

Dijo el Maestro:

–Anoche no viste mi Carne, viste mi Espíritu para que hoy Me conocieras. Sé que Me buscabas para enseñar de Mí, de lo que mi Padre en Mí habla. Si amas, enseñas; y si el que te oye Me ama, aprende, porque mi Enseñanza no es para el rudo, no es para el culto, es para todos los hombres.

Desperté, oí:

Esta mujer tenía grandes ganas de conocer al Maestro.

Lo quería conocer para enseñar e ir diciendo: “El Maestro ya me ha dicho que enseñe de lo que aprenda”.

Quería que la buscaran
para ella ir cundiendo
cómo amar a este Dios
que Le decían Maestro.

Ella veía a los Discípulos,
algunos rudos y sabiendo.

Pensaba: “Si yo Lo oyera,
fijo que también yo aprendo.

Dios enseña a los Discípulos,
y el mundo sabe por ellos.

La Enseñanza de este Dios,
no tiene clase ni sexo.

Tan sólo pide el Amor,
para poder entenderlo.


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