lunes, 20 de diciembre de 2010

El sufrir lo cambias en alegrías - Libro 61 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo IX - Pag. 20-21-22


En Sueño Profético decían:

Cuando llega sufrir, si en Dios confías, el sufrir lo cambias en alegrías. Que a veces llega el sufrir para que más se vea el Poder de Dios.

Dijo un espíritu de la Gloria:

Sin haber pasado sufrir no puedes valorar tu forma de ser, y no puedes aconsejar que si en el sufrir amas a Dios, más cerca estás de Dios y más diferencia te verán con el que tiene de todo y sufrir grande no tiene; pero sí en capital, que tiene algo menos de ingresos que otros años. Que éste nombra a Dios con palabras de grandes ofensas. Es mejor amar y dejar todo al Mando que Dios da.

Este amor, como lo abraces, ya él no te deja y sirves para dar clases de amar a Dios y olvidar todo lo que no lleve la palabra de Dios. Estas palabras que hoy dictan en la Gloria son una Enseñanza que sirve para todos los que quieran, después de que muera el cuerpo, vivir con los que viven Vida Eterna.

Esto me enseñó mi madre cuando yo era pequeño, y cuando llegué a hombre me sirvió esta Enseñanza. Ya diré unas palabras con Mando de Dios:

Yo tenía cinco años cuando mi padre murió, y mi madre al acostarme y al levantarme esta era su oración: "Señor que yo siempre esté vivo con tu oración. Que, aunque muera en la Tierra de mayor, que esté vivo con los Ángeles y con Dios". Pues la muerte a mi cuerpo llegó cuando ya era hombre, pero yo estoy vivo con Dios en su Gloria. Y en estos momentos con mi padre estoy al Mando que Dios nos mande. Aquí están todos los que en la Tierra pisaban el sufrir y su espíritu vivía Gloria.

Desperté, oí:

Este Mensaje es todo hablando de las dos Vidas; de los sufrimientos, como cogerlos y soltarlos, cuando ves que de Dios quieren retirarte.

Sigo dictando, con Mando de Dios, lo que yo viví:

Mi madre quedó con tres hijos chicos cuando mi padre su cuerpo murió.

Pero su Amor a Dios era tan grande que a mis hermanos mayores los tenía contentos en la parroquia del pueblo.

No hacía falta de nada, porque la Palabra de Dios tanto se cundió en el pueblo, que vivíamos como los ricos, aunque ricos no éramos.

Pues el Amor de mi madre era tan grande que le podía al sufrir que llegase.

Hubo quien en el pueblo la criticaba porque no la veían llorar y siempre a Dios nombraba.

Cuando le decían: "No sé cómo siempre estás contenta", ella contestaba:

"Yo sé que Dios está contento cuando despido el sufrimiento. Yo sé que mis tres hijos cuando se acabe esta vida y dejen aquí el cuerpo, joven o viejo, entraremos juntos con Dios en el Cielo".

Pues aquí, en la Gloria estamos los que se han nombrado.

Dos siglos hace que pasó el relato de este Mensaje que Dios ha mandado dictar.

Si en la Tierra teníamos alegría, Aquí la alegría Dios nos la ha aumentado.


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