lunes, 10 de julio de 2017

El día que el tiempo se enfrente, se acabó el adelanto

En Sueño Profético decían:

El mundo está desbordado por la abundancia que hay de veneros de pecado. Ya, el espíritu del mal ha acostumbrado a que los ojos y los oídos vean y oigan que nada sea malo.

Que los ojos vean cuerpos, en público, desnudos… ¡Eso no es malo!

Que ves que con un solo disparo, que a ti o a otro le toca disparar, ves como alfombras a hombres matados. ¡Tiene que ser así! ¡Son tiempos de adelanto!

A los oídos no les va oír Paz y vivir recato.

Robar, matar y adulterio, ya lo ven como el tiempo: hoy hace sol, mañana nublado, pasado lloviendo.

Este ver y oír se ha ido cundiendo, y raro es el día que no oyes: “Han matado… Han robado…”.

¡Maldito adelanto, malditos inventos, que roban la Paz y abren las puertas del Infierno, con el pregón: “No es nada malo…”!

Desperté, oí:

Comparaban
lo que está en contra de Dios,
con ríos desbordados,
que arrastran sin compasión.

Con la gran diferencia
que el río es inevitable,
y el hombre hace el invento
para arrastrar
a que practiquen pecado.

Es sencillo el pensar
que el hombre se está acostumbrando 
a ver matados, a ver adulterio,
y a oír con el documento de la lengua:
“¡Los tiempos han cambiado!”.

El día que el tiempo se enfrente,
se acabó el adelanto.


***

Libro 27 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo II - C5