viernes, 3 de mayo de 2013

No es suya la tierra ni la recolección

En Sueño Profético decía Dios Hijo:

¡Ay del sembrador que Yo le diera buena cosecha, y quemara la recolección, creyendo que él era el dueño!  

¡Ay del hombre que mis Palabras quiera ahogarlas, creyendo que Yo estoy lejos!

Esto lo dice mi Padre, aunque a Mí me estés oyendo.


Ya siguen más hablando, pero ya era otro eco.

Dice uno:

Dios nos da su Poder y su Mando, y hablamos con su Espíritu; pero en estas primeras Palabras de este Dictado, es Él, sin dar la Palabra.

Los espíritus de su Gloria adoramos sus Palabras, y cuando nos da su Espíritu y Palabras, Lo reverenciamos en escucha de su Mensaje; adoración a sus Palabras y reverencia a su escucha.

Todo es Gloria y Dios. Aquí es Dios y Gloria. Dios que su Presencia forma Gloria, y sus palabras son irrevocables. Dios que el hombre Lo llama cuando su mal no tiene remedio. Dios que constantemente recibe desprecios del hombre. Dios, que el mundo lo tiene por los pocos que a él Lo quieren.

Desperté, oí:

Estos pocos que a Él Lo quieren, son los que sufren de ver el sufrir que este Dios tiene.

¡Qué parábolas y sentencias dictan en este Mensaje!

Le dice al sembrador,
que no es suya la tierra,
ni es la recolección.

El sembrar era más suyo,
porque semilla compró.

Pero la tierra y cosecha
estaban mandadas por Dios.

Si la tierra deja estéril,
no hay recolección;
y si hay gran cosecha,
en nada podría quedar
con una nube de piedra.

¿Quién sería el sembrador
para quemar la cosecha?

¡Pues figúrate si da
sus Palabras en cualquiera
y las quiere el hombre ahogar!

El hombre no piensa en Dios,
aunque fuera por condena.

El hombre pide a diario,
que cien diluvios hubiera.


***


Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo II - Pag. 28-29