lunes, 6 de mayo de 2013

El Amor a mi Padre no necesita tiempo

En Sueño Profético contaban de un día que el Maestro les habló a sus Discípulos enseñándolos a que conocieran el que más cobijaba espíritus malos, el que más poder tenía para quitarlos de que a Él Lo siguieran, el que más envidia le tenía al que siempre iba siguiendo sus Pasos, el que censuraba al que todo lo dejaba por oír las Palabras que Él daba al que su Obediencia vivía.

Ya dijo uno:

Yo seguiré hablando lo que aquel día nos dijo el Maestro, por estar yo delante. Esto que aquí digo causó tristeza en algunos: “No hace falta que diga que Me ama, aquel que su tiempo a Mí me lo traiga para que Yo le mande. No hace falta que digan que aquél es bueno, cuando mi Padre está viendo que su “buenura” le sirve para apartarlo de mi Presencia. No es bueno el que obedece al hombre y cierra sus oídos a mis Palabras”. Y ya terminó diciendo: “El que más se aparte de Mí y Me ponga en medio el tiempo, éste tiene vestimenta de cordero, pero es lobo. El Amor a mi Padre no necesita tiempo. El cumplir mis Palabras no necesita tiempo. El Amor se encarga de quitar lo lejos. El Amor busca al que le lleve mis Palabras, pero no entretiene al que sí tiene tiempo. Éstos son los que viven con el consejo de los espíritus malos”.

Desperté, oí:

Hubo quien se entristeció
cuando el Maestro les hablaba como Dios.

Cuando les decía Palabras
que ellos estaban viviendo.

Cuando pensaban: “¡es verdad,
en tal sitio roban tiempo!”.

En vez de mandarme a mí
que me entere del Maestro,
me hacen ver y sentir:
“¡pero hay que tener tiempo!”.

Me hacen que haga el vivir
como aquel que vive lejos
y sin a Dios el seguir.

Éstos son los hombres buenos,
que el hombre los clasifica
aunque vayan al Infierno.

Buenos no puedes llamar
sin que les veas sufrimiento
por querer a Dios buscar.

El Amor, si hay distancia,
Él te acortará el camino
y pasarás la montaña.

Porque Dios, si hay Amor,
no oye disculpa en palabras.

Los que oyeron al Maestro,
se les veía en la cara
el que no tenía tiempo
o el que no tenía ganas.


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Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - Pág. 68-69-70