miércoles, 20 de febrero de 2013

“Yo nunca diré Juan de Dios, yo diré que Dios es Juan”

En Sueño Profético vi un hospital, que por su pobreza, más se veía hospital. Había unas camas negras de hierro, y unos enfermos tristes; un letrero en la entrada de la puerta, que no podía pasar desapercibido, con estas letras: “Habitación contagiosa. Entrada sólo médicos y enfermeros”. Yo vi el letrero cuando salí. Cuando entré, no entré por puerta, me vi allí dentro sin extrañarme de cómo entré, me parecía normal.

Empezaron a hablar, y ya no veía nada, nada más que oír. Decían:

Aquí quita la tristeza Juan de Dios. Aquí entra y raras veces no dan un alta: unas veces a conocidos, y otras veces a enfermos que su nombre es conocido. Aquí, en este hospital, son recibidos la mayoría por Juan. Aquí, en esta misma sala, yo oí una vez a un enfermo ya curado de la lepra decir: “Yo nunca diré Juan de Dios, yo diré que Dios es Juan”.

Este mismo, dijo:

En este hospital se han visto, ya muertos, recuperar la vida de la carne; y morir carne y vivir espíritu, dando este espíritu gracias y contentos a Juan ya en su despedida. Aquí, en este hospital, yo vi llantos de contento a enfermos y familiares, sabiendo que no sanaba su carne. Yo he visto brechas en la carne y decir: “No me duele nada, es Juan que reza por mí, es Juan que viene a mi cama”.

Desperté, oí:

¿Tiene duda Juan de Dios,
cuando esto diga el enfermo?

A este hospital, el que entraba,
a Juan ya lo conocía.

Antes de pisar umbral,
el nombre de Juan se oía.

Juan de Dios, se lo pusieron,
porque Dios en él vivía.

JUAN DE DIOS


***

Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 107-108