miércoles, 2 de enero de 2013

El niño, con facilidad, aprende lo malo y lo bueno


En Sueño Profético decían:

El hombre tiene que hablar de Dios y en todos sus actos pensar que Dios está presente. Igual que si es de día ves el día, y si es de noche ves la noche.

El hombre tiene que pensar que él no es el dueño de su espíritu ni de su cuerpo. Que esto tiene un Dueño, y que una vez cumplida su misión espíritu y cuerpo, Dios dispone por ser el Dueño.

Hasta que el hombre no enseñe al niño esto, y su crecimiento lo haga sabiendo: “Dios es mi Dueño y está presente en todos mis actos. Que antes de que yo me mueva ya sabe mis movimientos, aunque no hayan salido del cuerpo afuera”.

Esto es Presencia de Dios, Amor con respeto, ansias de cumplir los Diez Mandamientos.

Si esto se enseñara sin ponerle dudas ni desconfianza, el mundo sería de Paz y Esperanza. La Paz, para el cuerpo. Y la Esperanza es para el espíritu, cuando Dios le mande que abandone el cuerpo. Que para esto sirve hacer, desde niño, que el hombre sea bueno.

Dijo uno:

El niño, con facilidad, aprende lo malo y lo bueno. Ya está en el hombre, y según su formación, el niño hará su crecimiento.       
           
Si el hombre no nombra a Dios, el niño sigue sus juegos. Y sin que haga pecados –porque pecado y niño no existe–, se va el niño deformando. Éstos son, luego, los hombres que viven sin Paz y en el mundo del pecado.

Desperté, oí:

Si hablas mucho de Dios,
siempre vives su Presencia.

Si hablas mucho de Dios,
los demonios no se acercan.

Si hablas mucho de Dios,
al niño ya lo enseñas.
Y cuando tú no Lo nombres,
el niño a Dios Lo nombra.

Al niño enseñas a andar,
y tú con él vas andando.

Una vez que ya aprendió,
si tú te sientas,
el niño ya sigue andando.

Pues esto es enseñar al niño
que crezca sabiendo:
“esto es bueno y esto es malo”.

Amar a Dios y enseñar a amarlo
es la primera enseñanza 
que debe hacer el cristiano.


***

Libro 19 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo III - Pag. 36-37-38-39

1 comentario:

  1. No sólo debemos responder por nuestros actos,sino por la parte de responsabilidad que tenemos en los de los demás.

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