sábado, 22 de diciembre de 2012

Sufre por no perder el Amor

En Sueño Profético hablaban dos mujeres. Ya una subió la voz con estas palabras:

¡Que falta hace que mucho se hable del Amor a Dios! ¡Qué falta hace que el hombre ame!

Aquí refiero yo un hecho por si sirve de Enseñanza. Es el hecho de aquel día que juntas fuimos por agua:

Estando yo llenando el cántaro, tenía yo esta conversación:

   –¿Qué haría yo para que nunca se me quitara este Amor tan grande que siento por Dios? Hay veces que siento miedo; hay veces que digo no, no quiero lo que en la Tierra pudiera robarme tu Amor. Esto hay veces que me pone apenada, pero antes de quedar vacía mi imaginación, otra vez me viene: “¿Qué haría yo?”. Estando en este relato, fue cuando tú miraste para atrás y el Maestro estaba con los Discípulos a dos pasos. Esto se oyó de Él:

   –Mujer, con no querer dejar de amar, ya no te dejará el querer. El querer es la Fuerza de mi Padre, que es el Dios que ahora ves. Cuando llegues a tu casa, suelta el cántaro y busca para enseñar a Amar. Todo el que beba de ese cántaro, no querrá dejar de amar, porque de Amor lo has llenado. ¡Anda mujer..., y enseña al hombre a que viva sin pecado!

Despierta, oí:

Este Arrobo es de Amor,
y luego es de Enseñanza.

¡Qué Amor tiene esta mujer,
que sufre por no perder
el Amor que está aumentando!

Tan sólo con desear,
ya Dios le manda su premio:

Que sirva su inteligencia
para pensar en el Cielo.

Antes de ocupar el sitio
las cosas de la materia,
otra vez ella decía:
“Señor, que tu Amor me crezca”.

Dios se presenta en la fuente
y de Amor a ella la cubre.

La manda para que vaya
hablándole a los hombres.

Hablándoles de Dios Hijo,
hablándoles de Dios Padre.

Y el cántaro se lo llena
de lo que no lo ve nadie.

Que luego ya lo verá
el que quiera a Dios Padre.

Que allí veían al Maestro,
y en el Cielo era el Padre.


***

Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 91-92-93