domingo, 30 de diciembre de 2012

En la enfermedad del espíritu, a más enfermo, menos cuido


En Sueño Profético decían:

La enfermedad de la carne, a más difícil vea el hombre su curación, más cuidados le pone, más busca para curarla y más lástima le tiene al enfermo.

La enfermedad del espíritu, a más enfermo, menos cuido, menos lástima y más abandono a su curación.

Dijo uno:

El hombre no sabe cuando su espíritu está enfermo, o cuando se está enfermando porque de él no se ocupa: pastor que cuida la lana y abandona a las borregas.

La enfermedad del espíritu la hay de muchas maneras, pero todas vienen de retirarse de la Palabra de Dios. El hombre, a estas enfermedades, les da su nombre y quiere buscarles el medicamento sin Dios. Esto es fracaso de generación en generación, locura de la carne sin haber lesión que produzca esta locura.

La enfermedad del espíritu puede hasta dejarte en un sillón de ruedas; puede tenerte día y noche llorando; puede hacerte que lo azul lo veas rojo, lo fácil, imposible, y lo que no tiene importancia, que tú lo lleves al crimen. Todo esto es enfermedad del espíritu.

El espíritu que está sano puede curar a estos espíritus y apartarlos de los diablos, que son los portadores de estas enfermedades. Son personas que en su vivir le hacen servicio a Satanás introduciendo pecado; apartando de Dios, diciendo: “esto no es malo”; quemando los sentimientos del espíritu que ya lo están enfermando.

Desperté, oí:

No se puede decir que no es cierto
que cuando enferma la carne,
a más gravedad,
más cuido le pone el hombre.

Y también, nunca se oye:
“Es que está enfermo de espíritu,
y a Dios ni busca ni oye”.

“Hay que buscar el remedio
para curarle el espíritu
y que mejore la carne”.

¡Cuando veas que el enfermo
admite recuperarse!

Si esto lo hiciera el hombre
como hace 
con la enfermedad de la carne,
los demonios no crecerían.

Si la carne trabaja y no se alimenta,
será más fácil que enfermedad llegue
o que la carne se muera.

Si al espíritu lo tienes 
siempre alimentándolo 
con lo que está en contra de Dios,
se harán amigos tuyos los diablos.

Pero el hombre, al saber esto,
debería, el que tiene fuerza,
hacer por curarlo.

Que la fuerza ya la manda
el que no quiere pecado.

En humildad, en Amor, en perdón
y con ruegos a esta Gloria,
se los arranca al diablo.

¡Ponle gran cuido al espíritu
cuando veas que está enfermando!

¡Y a más gravedad le veas,
ponle más grandes cuidados!


***

Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II - Pag. 29-30-31-32