lunes, 31 de diciembre de 2012

¡Cómo se dejó matar!


En Sueño Profético vi una fuente, y unas manos acunaban el agua. Me acerqué sin tener sed, pero algo me acercaba.

Ya dijo una voz:

Es la Mano de Dios, que quiere que bebas agua para que repartas misericordia y no rompan su Cruz hasta subir al Calvario, que allí ya queda la Cruz. Tuvieron los clavos que traspasar la Carne de Dios Vivo para que vieran que estaba clavado. Tuvieron que nombrar a otro, para cambiar la muerte de Jesús, para que a gritos se oyera: “¡No! Queremos la muerte de Jesús de Nazaret”, para que más supieran que no era Dios los que no Lo amaban y los que no creían a lo que bajó a la Tierra.

Son las cosas de Dios; de fácil cambian a imposible el comprenderlas.

Nunca puede ver el ciego el color que el que tiene vista le dijera, si no confiara en el que el brazo le diera. Pero si va confiando, lo va apartando de sitios, porque llegan los obstáculos y el ciego ni pregunta. Esto es ir confiando en el que anda con vista.

Pues piensa que así son las cosas de Dios para el que a Él se acerca o se retira.

Desperté, oí:

Tan sólo con escribir
lo que le hicieron a Dios Hombre,
te llega algún sufrir.

Y te hace que pienses:
¡Cómo se dejó matar,
para enseñar a los hombres
a no responder mal por mal!

Les deja la Libertad
y el camino sin obstáculos,
para el que quiera vivir 
sin Gloria y sin su Mando.

Si no traspasa la Carne
la ira de aquellos clavos,
dicen que no fue verdad
que Dios fue crucificado.
         
¡Es difícil comprender:
Poder de Dios
y dejar crucificarlo!

Pero pon primero Amor,
y ya, todo lo verás claro.


***

Libro 15 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo III - Pag. 85-86-87