lunes, 22 de octubre de 2012

Yerba bendita

En Sueño Profético decían:

Hay quien vive por la Fe. Me contaba a mí un hermano mío que vivía en Jerusalén, que iba un vendedor vendiendo hierbas silvestres para curar algunos males que a la gente atormentaban. Este vendedor tenía tal Confianza en Dios, que decía: “Yo sé que si Él mira el canasto desde el Cielo, mis hierbas quitarán dolores. Mientras las cojo, yo no dejo de rezar, y a Dios pido las bendiga para la carne curar”. Me vendía dos canastos, ¡y porque no cogía más...!

“Este oficio me lo enseñó mi abuelo, el que con él me crié. Lo llamaban algunos médicos y estas preguntas le hacían:

   –¿Cómo vendes tanto? ¿Tú crees que curas?

   –¡No! Son las yerbas, que llevan la bendición de Dios. Cuando estoy cogiéndolas en el campo, es coger yerba y oración. Y cuando llego a mi casa y separo del montón, mientras hago mis "ataillos", también estoy nombrando a Dios, y ya, cuando recuento el dinero, digo: ¡Dios mío!, gracias por “to”. Al día siguiente paso con mis cestos y mi pregón, y si alguno había visto a otro que el día de antes tomó estas yerbas milagrosas, y el mal se le quitó, me compraba los manojos convencido de que bien le harían, como le hizo al anterior que le habló “pa” que comprara cuando oyera al vendedor. Éste era el pregón: “Comprad la yerba bendita, que lleva hasta oración”. Esto en buena voz se oía apenas salía el Sol.

Desperté, oí:

La Fe de este vendedor
la transmitía a las yerbas.

Con sus manos las tocaba,
y con sus palabras alababa.

Alababa a Dios del Cielo,
y pedía por el enfermo.

Estas yerbas iban ya
locas por querer curar.

No se acostaba una noche
sin pedir
que al pasar por su garganta,
a Dios pidieran curar.

Hacía tanta oración
el que cogía las yerbas,
que en las yerbas iba Dios.

Cualquiera puede curar
con la Fe y el alabar.


***

Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 90-91-92