viernes, 26 de octubre de 2012

Tres sufrir

En Sueño Profético hablaban del que sufre con Dios, del que sufre por Dios, y del que hace que Dios sufra con sus actos. Éste último no está con Dios y nunca defenderá la Palabra de Dios, ni podrá enseñar a salvarse de la esclavitud de los espíritus del mal que te rodean.

El que sufre con Dios,
ya Dios le dará Aliento suyo
y verá el camino más llano;
ya notará fortaleza,
fortaleza de cristianos;
ya pensará: Si a Dios siento,
ya llegaré caminando
a lo que antes llegó
todo aquel que fue cristiano:
a vivir ya sólo Gloria
por haberla tú ganado.

Este es el Pago de Dios,
que Dios premia a los cristianos.

Y ya, el que sufre por Dios,
Dios le da en la Tierra Poder y Mando suyo;
lo enseña sin materia,
trayéndolo a su Reino,
o haciendo Dios que vea en la Tierra
lo que nadie está viendo:
Poder suyo flotando,
que deja Saber del Cielo,
que siempre lleva guiando
por el sitio al Instrumento;
siempre lo lleva delante
como lazarillo al ciego;
otras veces le hará saber
lo que nadie está sabiendo.

Estos son los que Dios coge
para hacer al hombre bueno,
que el hombre les da maltrato
porque a Dios no lo está viendo.

Dijo uno:

No lo ve porque él no está enfermo
y cree que su materia nunca quedará durmiendo,
en el Sueño de la muerte,
que es resurrección en Cielo,
o ya no cree lo peor:
Tener el Sueño sin Dios.

Desperté, oí:

Cada vez que Dios te explica,
sirve para el bueno y el malo.

El bueno ve su sufrir
y puede ir comparando.

Comparando y a la vez
al cristiano enseñando.

Te habla de tres sufrir,
y el más grande el del Prójimo.

El más grande dice Aquí,
porque Dios te elige a ti
para llevar al enfermo
la Paz que Él te da Aquí.

Es grande sufrir, sufrir,
que el sufrir te venga a ti.

Pero es sufrir mayor
el sufrir que no está en ti.

Éste es el que Dios premia,
trayendo su espíritu Aquí
y volviendo a la materia.

El sufrir que vas buscando
es para quitar sufrir,
para ir Gloria llenando.

Éstos son lo que en el Prójimo,
a Dios sienten respirando.

Porque Dios espera allí
cuando tú vas consolando.


***

Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo II - Pag. 170-171-172-173