domingo, 21 de octubre de 2012

Palabra de Dios oída al Altavoz

En Sueño Profético hablaban de la Palabra de Dios oída al Altavoz que Dios coge, u oírla al que del Libro la lleva al altavoz. Esta diferencia es tan grande, que comparación no admite.

Dijo uno:

La que el hombre lee, admite arreglo del mismo hombre. La que en el Altavoz suena, ves claro que es Dios.

Yo mismo voy a contar lo que dijo un día el Maestro estando en una Predicación:

“Hoy va la Enseñanza, a conocer al mismo Dios en Palabras.

Mi Enseñanza quedará escrita, y habrá muchos que la enseñen. Pocos la enseñarán con Amor, pero éstos que enseñan con Amor, si Yo hablara en otro hombre, deben de conocerme por llevar la Fuerza en la Voz que resuena.

El que oiga mi Voz, es para que vaya enseñando, no para oír al que a Mí no Me oye.

Todo el que mi Voz oiga, es para divulgar mi Palabra, no para ponerla al igual que la del hombre. El que esto haga, no Me busca a Mí, va donde el hombre.

El que mis Palabras oyera con Amor y Hambre, quedará lleno su espíritu, sin sitio para albergar las del hombre; notará la fuerza viva de su espíritu mandándole a la materia; notará algo de Dios, aunque el hombre callar quiera. Siempre que mi Padre hable, notarán la diferencia”.

Fue uno a preguntarle, y la pregunta fue grande donde tantos hombres había y de opinión diferente.

Ésta fue la que le hizo:

–Si yo cojo tus Palabras, siempre con el mismo Amor que hoy, ya no puedo oír a otro que dijera que Tú le hablas, porque más Amor no tengo, y tus Palabras dices que son Eternas.

Más miraron a éste que al Maestro. Pero fue la respuesta antes que volver la mirada:

Si mañana otra vez te hablo, ¿vienes a oírme, o ya no tienes sitio para mis Palabras? Pues esto te pasará cuando conozcas donde yo hablo, que siempre tendré un sitio.

Desperté, oí:

¡Qué pocas Palabras
y cuánta Enseñanza
daba este Maestro,
de Enseñanza siempre igual!

Enseñaba a que supieran
el saber diferenciar,
lo que Él había dicho
o lo que hablaba el Lugar.

Enseñaba a que oyeran
y que luego enseñaran.

Enseñaba a conocer,
cuando fueran sus Palabras,
el que no quería aprender.

Enseñaba a retirarte
del que al Padre ofendía.

Y enseñaba a que vieras
que si a Él no lo seguían,
nunca quisieron al Padre,
al que tanto referían.

Hay quien quiere demostrar
lo que sabe que no quiere.

No hay cosa más “retirá”,
que enseñar lo que no sientes.


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Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 32-33-34-35