sábado, 13 de octubre de 2012

El hombre de Magdala

En Sueño Profético decían:

“No hay quien ame a Dios y no quiera conocerlo”.

Dijo uno:

Estas Palabras hoy Aquí dictadas fueron dichas del Maestro. Estábamos todos los Discípulos con Él reunidos, esperando su Mando en sus Palabras, cuando vimos un grupo de gente que venía del pueblo más inmediato a conocer al Maestro. Entre este grupo iban mujeres y hombres, y algunos hijos de estos benditos matrimonios. Fue verlos el Maestro y decirnos:

   –Hoy os han detenido más mis Palabras porque sabía que venían éstos –que tanto quieren a mi Padre– a conocerme a Mí como Dios de Cielo y Tierra. Antes de saludar, harán una reverencia, porque ya me conocen sin conocerme.

Llegaron hacia nosotros, y todos inclinaron sus rodillas, obedeciendo todos a su espíritu, porque todos los espíritus eran de Dios.

Dijo un hombre:

   –¿Tú eres Dios Hijo, que vienes en el Nombre de tu Padre? –Pero esto señalando al Maestro.

Contestándole el Maestro:

   –Ya sé que me has visto. Pero Yo supe primero que me ibas a ver. No puede ocurrir nada sin que lo sepa Dios Hijo, y sin que sea mandado por el Padre, por ser los Dos una misma Persona. Tú has tenido ansias de conocerme, y mi Padre te hace la Revelación presentándote mi Estampa, y ya dejan tus ansias que vengas a conocerme. ¿A que esto es lo que te ha pasado?

Aún estaban de rodillas, cuando otra vez dijo el Maestro:

   –Si guardáis el Amor que siempre le habéis tenido a mi Padre, fomentaréis este Amor, ya que mis Palabras caen en buena tierra. Mi Padre os dará el Premio que no se puede comprar, ni hay tienda que lo venda.

Así premió Dios a este hombre, que Magdala era su tierra.

Desperté, oí:

Uno que mucho ame,
puede fomentar Amor,
que no hay hombre que esto pare.

Este hombre conocido
por “el que a Dios veía”,
el Padre le presenta al Hijo
cuando una noche dormía.

Quería conocer al Maestro,
pero ninguno le decía
la manera de emprender     
a su encuentro noche y día.

Un tratante de ganado,
que a su mujer conocía,
le propone el juntarse
con gente que conocía,
que siempre daban palabras
de lo que del Maestro sabían.

Ya deciden el viaje,
porque uno conocía
al Maestro que era Dios.

Lo había visto en el Sueño,
que Dios Padre presentó.

Otra vez aquí repito
como el dictado empezó:

“No hay quien ame a Dios,
y no quiera conocerlo”.

Quisieron todos conocerlo,
y Dios a todos da el Premio.

Si amas, buscas palabras
que te digan: “Yo a Dios veo,
como el hombre de Magdala”.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 196-197-198