martes, 21 de diciembre de 2010

Llora como Juan y ama como Andrés - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 124-125


En Sueño Profético contaban un hecho de la Vida de Dios Hijo. Decían:

Regresaron un día Juan y Andrés de un cometido que les había mandado el Maestro, y Juan llegó apenado, tan entristecido que rodaban las lágrimas por su cara. Andrés quería darle ánimos y fortaleza de espíritu para que cuando llegara el Maestro no participara del sufrimiento. Corto instante pasó, cuando vieron delante de ellos a su Maestro, el que sabía lo que había ocurrido, pero quería saberlo por boca de ellos.

Dijo:

–Andrés, cuenta el trato que te han dado cuando llevabas mi Mensaje. Empieza, Andrés, que tu sufrir es el mismo, pero tu espíritu se hace más fuerte.

–Entramos en casa del gentil y nos recibió uno de sus criados, y estas palabras dijo: “¡Otra vez estáis con las Palabras de vuestro Maestro…! El será vuestro Maestro, y mi amo es mi amo, a quien sus órdenes cumplo”.

El Mensaje era el siguiente: “Id a oír mis Palabras cuando con caridad tratéis al humilde y deis comida al hambriento. No cumplir las Palabras de mi Padre es ensuciar las mías, que son las mismas de mi Padre, por ser mi Padre el Hijo.

Este gentil tenía fama de que por un mendrugo de pan que él diera, tenían que servirle con agrado; y al Maestro oía, pero no Lo amaba.

Desperté, oí:

Juan amaba tanto a su Maestro, que sufría cuando no ponían en práctica su Mensaje.

El criado tampoco amaba.

Si ama, no está con ese amo, ni insulta a sus Discípulos.

Mandarle Dios el Mensaje era para hacerlos suyos, si Lo obedecían.

Si no obedecían, ellos mismos pedían que los apartara.

Dios se comunica para que Lo amen.

Y ya amando, Él no aparta.

Llora como Juan, ama como Andrés, y ya siempre es vivir con Él.


***