lunes, 27 de diciembre de 2010

Las dos huchas - Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo II - Pag. 237-238


En Sueño Profético hablaban del espíritu. Decían:

La carne vive por el espíritu. El espíritu es el que le da vida y movimiento a la carne. El hombre alimenta la carne y deja en abandono el espíritu. El espíritu es el sostén del cuerpo. El trabajo y preocupación del hombre es por la materia. El hombre es poco corriente que cuide del espíritu.

Dijo uno:

Para cuidar y alimentar el espíritu no hace falta el dinero. Cuidar y alimentar el espíritu te hace que ahorres, te hace que ahorres en dos huchas: en la de la Gloria y en la de ahí; una Hucha Eterna, y otra más bien un juego de niños, un “quita y pon”; a este juego, el hombre le presta la máxima atención, aunque aquí se presente con esta Hucha vacía, y dejando ahí la otra, sin remedio para no dejarla. Esto es falta de Enseñanza de espíritu.

El espíritu que está enseñado para vivir Eternidad, Aquí se presenta con la Hucha llena, que Dios abre con su Amor. La de la Tierra la abre muchas veces el pecado.

Todas las llamadas que Dios hace al hombre, son para salvarlo, pero el hombre responde con ofensas.

Desperté, oí:


Dios manda sus Palabras,
y el hombre las desprecia.

Cuando Dios manda sus Palabras,
siempre ves a Él en el que las lleva.

Dios no manda sus Palabras
sin hacerse Él presente.

Cuando te hablen de Dios,
y éste diga: “Me habla a mí”,
entérate si visita
al que sufre y llama Aquí.

Si estas visitas no hiciera
con Amor y con desvelo,
no puede hablarle este Dios,
que habita Aquí en el Cielo.

Porque Dios no puede hablar,
donde no vean Verdad.

La Verdad siempre la ves
si estudias su proceder.

Dios, cuando coge un Lugar,
no lo puede deshonrar.

Copia del que viene Aquí,
que habita ahí en la Tierra,
para que aprendas de Aquí.


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