viernes, 17 de diciembre de 2010

El Camino de las Pisadas Divinas - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 222-223


En Sueño Profético vi como una muralla, y sentados en el suelo, recostados en la muralla, unos hombres.

Llegó uno y les dijo:

–¿Habéis vuelto de casa de Timoteo, o es que vais?

Se puso uno de pie y contestó:

–Ya estamos de vuelta y hoy no traemos contento.

Este Timoteo era uno que tenía buenas cualidades, y reunía en su casa gente para oír hablar del Maestro. Aquel día fueron a ella 4 de sus Discípulos. El Maestro tiró por camino distinto con el número 8, pero habían quedado en un camino que era muy frecuente el verse, y lo tenían como punto de espera para el que llegara primero. Los vecinos de aquellos terrenos le pusieron: “El Camino de las Pisadas Divinas”. Ya, cuando lo veían venir a lo lejos, se avisaban unos a otros hasta verlo pasar, dejando mujeres y hombres sus quehaceres, dándole las buenas noches o días con aire de reverencia.

Cuando se emparejaron, estas fueron sus primeras palabras:

–No tenéis por qué apenaros, Yo siempre estaré con vosotros. La noticia que os acaban de dar es cierta: que os quedáis sin Maestro. Pero esto es a la vista del que no me ama. El que me ama y cree en mis Palabras, siempre notará mi Presencia y oirá mis Palabras. El que te lo ha dicho, no me ama, y está contando las horas que le quedan a mi Carne.

Desperté, oí:

El que fue a casa de Timoteo, nunca había ido, fue porque llevaba la mala noticia de la Crucifixión.

Cuando más euforia había en todos, fue cuando soltó la noticia, y su cara quedó contenta.

Una cara contenta, más de veinte con pena.

A pesar de que esto siempre les ocurría, siempre sus caras quedaban con extrañeza.

¡Que primeras Palabras!: “No tenéis por qué apenaros, Yo siempre estaré con vosotros”.

Antes que el fariseo hablara, ya lo sabía el Maestro.

Los 4 se pusieron de acuerdo para no repetir las palabras de este enemigo de Dios Hombre.

Tenían ya dicho cómo sería la Crucifixión, y lo que tenían que decir si no veían causa.

Ellos mismos decían “Éste es Dios”, con no poderle poner delito.

Este mismo Sello se ve en el Lugar que habla Dios.


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